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Back to the Kong. 1.

Adrián, aquí tu fiel camarada, Von Kong.

Estamos un poco preocupados en el futuro por vos. Verás, la pandemia ha modificado un poco lo que sería tu futuro. Tememos que hayas caído en una trampa de Riviera.

Mis superiores, y no especialmente los del ala buena, se enteraron de que estábamos en fluida comunicación. Tan sólo a eso se debe que no haya podido escribirte en este tiempo.

Pude acceder a unos registros de tus historiales de 2021. Sé que te estuvo pasando algo en la casa de tu abuela donde al principio la felicidad te encontró. Fue cuando llegó tu perra, Ina. Qué animal tan hermoso, ese osito. O lobita, mejor dicho. Estuviste grabando los audios de tu novela Seré nada todo el verano de 2021. Pero, según los registros en Julio de 2021 han comenzado algunos problemas de los que no veo ninguna información como para quedarme tranquilo y saber que estás a salvo.

Repasemos tu historia, Adrián. Sé que recuperaste tu diagnóstico de Asperger (quedate tranquilo que todavía es válido) y que, a la vez, en el barrio de tu abuela sucedieron algunos fenómenos desagradables para ti. Aquí tengo que hacer un paralelismo en mi mente, porque para la misma época a mí me pasó lo mismo con Taka.

Y si mal no recuerdo vos tenés una ex novia de origen japonés. Se separaron en 2014 y de ahí en más tuviste todo tipos de problemas. Vos estabas triste en ese momento, luego de unas semanas de reflexión sobre una relación que te parecía un poco tóxica, caíste en idealizar el asunto y pensar que habías perdido el paraíso en la tierra. No ayudó mucho que recién en 2012 te hayan equipado con audífonos y que en 2014 te diagnosticaran de Asperger y luego dijeran que todo era culpa de que naciste medio sordo y nadie te puso audífonos. Resulta que tu Asperger´s pasó por sólo sordera, hipoacusia neurosensorial (trastorno discriminatorio de palabras primero…) con tinnitus. Un ligero error médico. De eso no hay dudas.

Sigamos. En la casa de tu abuela, en el dormitorio caluroso de tu abuela vieja para ser exactos, estabas durmiendo, soñando, y por la mañana escuchaste que te decían: ¡Abuelo! Pero no había nadie. Pensaste que te estaba llamando un nieto del futuro. Tal vez de este futuro, quién sabe en qué futuro piensa uno cuando piensa en el futuro.

A la vez estabas teniendo un sueño con una persona, que parecías vos o tu padre, que no te dejó dudas de que eras Asperger o mejor dicho Autista, es lo mismo. Fue un DIFERENCIA de desarrollo en tu caso, como en otros, y hoy en día estás tan adaptado que es difícil darse cuenta para los que no están al tanto del Asperger o Autismo. En mi tiempo, hoy, no hay dudas. También es verdad que sin audífonos no podés vivir, el tinnitus es tan molesto en altas frecuencias, está todo el tiempo y además no escuchas bien los agudos.

Ese sueño con lo de ¡ABUELO! en la casa de tu abuela materna, en Lanús, te dejó medio perplejo. A la vez, al recuperar el diagnóstico de Asperger, se te ocurrió revisar la historia familiar.

Antes fuiste al INCAA a buscar un pendrive, y el gerente de legales, te había hablado de VITRIOL. Pensaste en la alquimia y se te dio por buscar antecedentes de tu tío Laureano. Resulta que a tu tío Laureano le decían Alvey, que deriva del anglosajón Ælfwig y significa «duende batalla» (o Knight Elf).

Eso te hizo pensar de alguna manera que debías recuperar sus obras teatrales. Tu padre te había dicho que había escrito varias, además de letras de canciones para Cadícamo, Mores, Troilo y muchos otros. Así que te fuiste corriendo a la casa de tus padres, que viven a una cuadra, y les pediste la obra teatral de Alberto Laureano Martínez. Y tu padre te dio tres carpetas.

Dos de las carpetas tenían el mismo contenido y eran las supuestas obras de tu tío Alberto Laureano Martínez. Y la otra era un libro que acompañaba a un LP de una banda psicodélica de los setenta. The Prince of Heavens Eyes. Primero, según nos consta en tus propias notas, tomaste las obras teatrales de tu tío. Pero no eran de tu tío. Descubriste que eran de dos uruguayos, un abogado y un esgrimista, uno pionero del cine. Sus nombres: Juan Carlos Patron, el abogado, también cineasta, letrista y dramaturgo, y el esgrimista de apellido Gallardo. El contenido de la obra teatral, que se llamaba La humana comedia, te hizo recordar a Middlemarch, de George Eliot y de pronto estabas buscando en Internet sobre el grado 32 de la masonería (El príncipe del real secreto) y repasando algunos conceptos de alquimia. A la vez, leíste el cuento de The prince of heavens eyes que venía con el LP (que también, como tantos discos, fue editado en Tokio).

Era una típica historia irlandesa sobre un peregrino con una mochila al hombro que encuentra un tesoro y a una chica, que luego pierde, y que debe pasar algunas aventuras, hasta que pueda enterrar el tesoro al ladito del arcoiris y luego así recuperar a la chica. La leíste en voz alta al teléfono celular porque en ese momento ya presentías que estabas siendo observado y escuchado. ¡Bien!

En el mismo instante te apareció en Spotify una canción. La de Harry Potter. El prólogo musical. Y en el prólogo leíste que los marcianos habían tomado la tierra. Por un momento, te la creíste hasta que un segundo después te estabas riendo porque recordaste que era La guerra de los mundos de H. G. Wells, adaptada por Orson Welles también. La adaptación es bien sabido que produjo en los oyentes de radio de aquel momento una especie de histeria masiva.

En esa época, en la casa de tu abuela materna italiana, todo era posible en Lanús. Tenemos aquí registrado que una vecina tuya era visitada por gente de otro planeta, que en la casa de frente a la que naciste había fantasmas, y que hay todo tipo de cultos raros, hasta una culto a la perfección.

Todo muy espeluznante. En esos días miraste Suspiria la de Guadagnino por si los que te habían lastimado en tu vida eran los masones e hiciste algunas representaciones en la soledad de tu casa. Por ejemplo, cortar en trocitos un ajado guante blanco de jardinería. Y esconder tus audífonos en un envase metálico para que acoplaran y los que problablemente te estaban hackeando escucharan lo molesto que es tener audífonos viejos y a la vez que tuvieran alguna noción de lo que es tener tinnitus o sea zumbidos en los oídos.

Seguiste practicando Yoga y meditación, y pensando más que nada en la ciencia y en que eras Asperger. Esa alegría que da el diagnóstico, esa especie de revelación, que ya han dejado asentada hasta actores como Anthony Hopkins.

Aquí me faltó explicitar que al final del libro de la banda psicodélica de los 70, rock progresivo, decía que pidieras tu deseos. Vos pediste poder seguir con el cine, en todo caso ser aunque sea publicado (no está claro si pediste esto último) y pensaste en el amor, cuándo no. Tenías una ex y como era la canción de Harry Potter y ella era fanática de los libros pensaste que era ella. Te creíste que al otro día iba a estar en tu casa. Esa noche te afeitaste, te bañaste y esperaste.

Oh, Adrián. Habías caído en una vieja trampa.

Al otro día, luego de leer lo del grado 32, viste un rayo verde en tu dormitorio. No tuviste ninguna duda de que alguien se estaba metiendo de alguna manera en tu nueva casa…

Y no sólo en tu casa.

Te levantaste y ese 15 de Julio de 2021 mientras desayunabas tu celular tomó vida propia: apareció un mensaje que decía MÍO y en la computadora te apareció el Facebook de tu ex. Ella, en la foto de perfil, con una gran sonrisa y un enorme cono de helado. Un helado que se había negado a compartir con vos en 2014. Bah, mejor dicho ni negado, nunca te contestó. Para arrimarte al abismo de la credulidad, un familiar de ella le había escrito hacía muy poco en los comentarios, mejor dicho en uno destacado: ¡Volvé! Y en la fotografía ella estaba en algún lugar de Japón.

Vos, siempre leal y asperger´s, por no decir otra cosa, mi querido bambino, le preguntase si podías compartir la otra mitad del helado.

Según me consta, Adrián, vos estás leyendo esto en Noviembre de 2022. Todavía no pasó nada bueno, te han hackeado el Facebook, con el que tenías contacto con tu familia italiana, aunque sea, y tu ex de ascendencia japonesa no apareció ni te contestó ningún mensaje, no tenés ni inclusión en lo tuyo, y fuiste patoteado en la calle ahora que vivís en la ciudad de nuevo, ahora que pudiste escapar del infierno en la casa de tu abuela: molestaron a Ina, tu perra, y a vos en un canil, casi te rompen la pierna, entre otros infortunios que no hace falta recordarte.

Por eso te escribo, para recordarte quién sos, en este: mi presente.

Tu futuro.

Von Kong.

por Adrián Gastón Fares.