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Kong 25.

Querido Adrián

Entiendo tu preocupación por tu tía, tu abuelo, que hayas eliminado lo escrito incluso por temor al pasado y sus formas, pero no hay manera de arreglar ciertas cosas ni con una máquina del tiempo, que dicho sea de paso hasta ahora no han dado señales de vida.

Y tu mensaje me caló tan hondo que he decidido contarte la verdad. Ya era hora, de cualquier manera.

No soy un hombre del futuro.

No me llamo Von Kong.

Nunca tuve en mis manos una impresora Rivera.

Tal vez tenga el poder de leer tu mente. Te conocí desde que eras muy chico.

Soy médico. Mi especialización: otorrino. Pertenezco a un grupo de médicos que no hacemos lo que tenemos que hacer, con fines científicos (y admito que a veces recreativos)

Simple. Deduje tu pérdida de audición desde que leí como naciste en esa clínica en el barrio de Once. Me las arreglé para que te trajeran a mi consultorio cuando ya tenías cinco años.

Para eso tuve que dejar afuera del camino a otros médicos de este grupo secreto de experimentadores.

Una vez detectado tu problema y confirmado que hasta tu adolescencia el límite entre escuchar o no seria difuso opté por dejarte sin tratamiento.

Archive tu defectuosa audiometria y tu fantasmal potencial evocado.

Quise ver qué pasaba con tu adaptación. Hasta dónde llegabas para descubrir la verdad. Y como llegabas. Cuantos golpes te darías. Que pasaría con tu gente cercana. Como irían actuando ellos. Sabia que el Estado no te serviría de nada, así que que agradeceme que no te metí en trámites molestos desde temprano.

Hace poco coincidimos en un bar céntrico. Tocaba un DJ. Yo te observaba desde mi mesa. Noté tu cara tensa ante los ruidos fuertes amplificados por los audífonos, tu urgencia de salir de ese lugar luego de una hora de charlar con tus amigos. Pensé en cómo te estarías sintiendo. Y te compadecí. Nunca sentí nada parecido en mi vida.

Esto va con doble copia, una al Colegio de médicos para que me quiten la licencia (voy a sacarle su licencia para matar, dice una canción de Bob Dylan)

Ya estoy viejo, de cualquier manera. No tanto, todavía puedo jugar al golf con estos médicos amigos a quienes les importa poco y nada los procedimientos formales como a mí.

Nunca existió una Taka. Es el personaje femenino de un personaje de la película El último samurai. Ni yo sabía de donde había sacado ese nombre hasta que di en el cable Premium con una emisión de dicho film.

Nunca tuve a ningún No ser que eliminar o apresar.

No existen.

A raíz de una nota en una revista de divulgación científica creé ese mundo de impresoras genéticas. Craig Venter fue una inspiración.

Te escribí para darte confianza todo este tiempo. Que pensaras que eras un elegido por un detective del futuro. Creo que nunca lo creíste del todo, pero espero que haya mitigado la falta de un tratamiento adecuado. No siempre pude mantener el sentimiento de culpa a raya.

Hay una teoría que dice que todo nace de la culpa. Así nació Von Kong.

También te he enviado alguna que otra ayuda, gente de mi comunidad que te acompañó un poco; ya no están ni deben estar porque están atendiendo otros de mis conscientes deslices.

No sos el único con el que he experimentado.

Lamento tener que decirte la verdad recién ahora.

Tomo la precaución de no decirte mi nombre real para que no me persigas.

Cuelgo mi guardapolvo y pienso dedicarme a mi esposa y a mis tres hijos.

Espero que dejar mi profesión sacie tu sed de venganza si es que la hubiere.

Pronto te llegará una caja de cartón con todos los libros de ciencia ficción que he leído para crear a Von Kong y su pequeño mundo.

Agradezco que hayas contestado mis misivas. Que hasta me hayas pedido que conteste una encuesta por vos. Me he divertido un poco con la culpa.

Von Kong está vacante de ahora en más. En algún lugar de mi neuronas sigue persiguiendo a No seres que el mismo ha creado.

Si en tus sueños te diriges a esa Buenos Aires de colores, de un futuro lejano, donde un hombre persigue a las mascotas desmadradas y monstruosas de la ciudad con su ayudante No ser oriental llamada Taka podes tomar la forma de Kong. Incautar Impresoras Riviera.

También admito que me harías un favor olvidándolo todo.

He redactado un informe sobre tu vida. Lo he dejado en mano de una colega.

Por supuesto, tu nombre no está escrito en esas hojas.

Te he protegido. No soy tan desalmado.

Siento que, en parte, eres mi creación.

Pero como en este tipo de historias, te has terminado rebelando; te has proporcionado por tu cuenta lo que yo no quise darte.

Creí que te ibas a perder mucho antes. Que al descubrir la verdad te vendrías abajo como un edificio cuyas columnas son de goma. No tuve en cuenta entonces el poder de la elasticidad.

En el futuro tal vez reconozcan mi trabajo de investigación.

Eso espero.

Otra cosa no me importa.

Estoy conforme con mi trabajo.

Hasta siempre,

Doctor E

Maestre 15

06 de Febrero de 2019

 

Kong Completo – Índice

Kong 1

Kong 2

Kong 3

Kong 4

Kong 5

Kong 6

Kong 7

Kong 8

Kong 9

Kong 10

Kong 11

Kong 12

Kong 13

Kong 14

Kong 15

Kong 16

Kong 17

Kong 18

Kong 19

Kong 20

Kong 21

Kong 22

Kong 23

Kong 24 (no publicada en blog)

Kong 25

Kong 11.

Hola Kong,

¿Así que anduviste persiguiendo a un enano que escupía por las orejas? Ajá.

Yo te transfiero estos pensamientos desde la cola de un supermercado. Hay un pareja con un nene delante de mí. Me acordé de tu carta porque el nene le dijo a la cajera que se saque los aros, que eran demasiado grandes para sus orejas y que se las iban a romper. La cajera se ríe. El padre le pregunta a la madre si llevan media ananá. La madre le dice al nene: «¿estás seguro que vas a probarla?» «Mamá, sí», dice el nene. El padre le dice a la madre que si el nene la quiere, la llevan. En fin. Mientras viajo al futuro.

En mi presente existe un científico llamado Craig Venter que es un apologista de la impresión 3D de genomas y llama a estas impresoras teletransportadores biológicos. ¿Realmente llegamos a que un ser humano pueda inventar cualquier bicho que se le ocurra? No me jodas, Kong.

Después de que publiqué el relato titulado Hacer llover, donde me acerco a la figura del ingeniero Baigorri, un vecino de Villa Luro que decía que podía hacer llover con su máquina en 1940, comenzaron a llegarme email de gente interesada en el tema. No recuerdo si te lo conté, pero fui contactado por una persona que decía estar en España y afirmaba que la máquina de Baigorri se encontraba olvidada en un garaje, cuya ubicación él conocía. Me invitaba a viajar para salvarla de su destrucción. Creo que esa persona me agregó al Messenger, y chateó conmigo un poco, hasta que pensé que, claro, era una broma que me estaban haciendo. Luego fui contactado por un estudiante de cine que quería filmar una película sobre Baigorri, por un escritor que estaba trabajando en su libro y por otra persona, el rainmaker uruguayo Nelson Guizzo, que me ha dejado comentarios al respecto. También un periodista cordobés me invitó un café para preguntarme todo lo que sabía sobre Baigorri.

Sé algunas cosas de Baigorri, simplemente porque con el grupo de facultad con el que filmamos un cortometraje sobre su historia viajé a Villa Luro y tuvimos acceso a la casa que el inventor habitaba. También entrevistamos a una viejita, cuya casa era una especie de centro cultural y parecía estar ubicada en otro universo. Y es la sensación que tengo de tus cartas, que provienen de otro universo, uno paralelo, que no pueden ser reales, pero a la vez lo son, porque existen y, de alguna manera, me llegan.

Hacer llover no debe ser tan distinto a filmar una película o terminar una novela. Crear No-seres: ¿a qué se parecerá?

En tu tiempo la bio-impresora que vaticina en la actualidad Venter, o más bien prueba, es una realidad y ya estoy imaginando apuestas por peleas de No-seres. Entiendo por tus cartas que existen tratados de ética al respecto. ¿Es una forma de arte también?

Aristóteles decía que el arte imita la vida, Platón recomendaba que el arte no copiara la realidad, porque estaría copiando la copia de una idea, algo fútil. El arte debía ser sublime entonces y llegar a La Idea.

El arte de imprimir vida parece más cercano a la idea del arte de Platón que a otra cosa. A higher truth como dice Chris Cornell (¿lo conocés?) en su canción. Tal vez la diégesis sea el camino.

Todo esto viene a cuento de que descubrí que antes de detective, fuiste pintor y músico, y que en algún lugar guardás los lienzos que mojabas con tu pincel, copiando esta vez sí, a los No-seres que perseguías y encontrabas en lugares ocultos como cierto rancho en Córdoba, donde te imaginé acechando las creaciones de un impresor de No-seres para hacer los dibujos que terminaban en tus cuadros.

Y sé que el primer No-ser que viste en tu vida fue en Adrogué, en un geriátrico con muchas plantas, donde fuiste a visitar a tu abuela. Y resulta que tu abuela estaba sonriendo sola, mirando la nada y te acercaste a ella y lo que tenía enfrente, volando, era un hada translúcida que tu abuelo había creado antes de morir. Y el hada no tenía aspecto de hada, sino que poseía dos dientes filosos para succionar el néctar de las flores y así sobrevivir. Y sus ojos eran como los de una serpiente o un gato negro. Tu padre logró atraparla, guardarla en una jaula y la alimentaba todas las noches con miel, hasta que tu abuela murió y la depresión fue tan fuerte que tu padre abandonó el hada y una noche la encontraste tirada en la jaula, muerta.

Sé que pasaste un momento difícil, que perdiste a Taka y que luchaste contra la soledad y la desesperación. Supongo que estaba escrito que Taka se alejara… Pasa, Kong. Pero cuando decimos que algo está escrito: ¿dónde está escrito? ¿qué lenguaje usa el destino?

Me causa gracia esto porque, en general, ¡sos vos el que me escribe en este tono!

Pero ahora la práctica de la esgrima te ayudó a salir adelante. La meditación, gracias a la cual podemos comunicarnos, siempre da frutos.

Hay algo que no me estás contando, Kong. Me gustaría saberlo. Tal vez es sólo mi imaginación.

No quería dejar esta carta sin decirte que yo estoy bien, que estoy comprando muchos libros, que no quiere decir que los lea a todos, rescatándolos de no se qué fin, escribiendo, tratando de ponerme a filmar cuanto antes. Trabajando duro y parejo en todo, en la Obra Social, pero también en los proyectos que tenemos en Corso.

Bueno, tengo que mostrarle a la cajera que mi bolso no contiene ningún producto del supermercado. Te dejo con esta pregunta.

¿La gente sigue yendo al cine en tu tiempo? ¿Las librerías de saldo siguen existiendo en Buenos Aires?

 

Un abrazo grande, querido amigo.

Adrián Gastón Fares