1995. El paradigma perdido. 11.

Anotación del cuaderno de Martín. Continuación.

Noté que Bárbara y el Chino volvían a cruzar miradas. La tensión entre Laura y Lucas no había disminuido, lo que sólo era más sospechoso de esa nueva dinámica que se había formado entre los dos, de la que los trekkies me comentaron que parecía la de la agente Scully y el agente Mulder. Los demás estábamos un poco molestos por no tener nadie a quien tenerle bronca ni a quien mirar. Aunque creo que me refiero a mí porque los trekkies parecían estar encantados con la situación. Vi a Alberto hacer lo mismo varias veces. Tomaba el prendedor de Star Trek que tenía a la altura del corazón, lo desenganchaba, lo miraba y lo bañaba con su aliento para luego limpiarlo en la solapa. Luego volvía a colocarlo, no sin pincharse alguna que otra vez.

-¿Hace falta ahora que veamos las películas con ese texto de Albatracio?

A todos nos recorrió un escalofrío. Hasta yo fui consciente que ni El graduado se salvaba del asunto. Hoffman gañe una y otra vez. El gañido estaba descrito como un síntoma en el texto de Albatracio. Ese pálpito lo chequeé luego con Laura. No sabíamos qué decir. Estábamos totalmente espantados porque algo tan obvio hubiera pasado desapercibido para medio mundo. Comenté eso.

-Eso es lo que pensás vos, no sabés si pasó desapercibido. Las películas no vienen con instructivos de con qué analizarlas. Participan muchos, alguno tira una idea, otro otra, y así, como sin querer, construyen una especie de subtema.

-Pero ésas de la lista no parecen necesitar ninguna. Hasta El exorcista…- dijo el Chino.

-Basta- dijo Laura-. Eso es tomar las cosas de manera demasiado literal.

Todos nos quedamos callados y Laura tragó saliva.

-Mejor pensemos en la casualidad de que la pizza traiga esa inscripción y de que la cruz esté levemente inclinada.

-Por favor -dijo Lucas.

-A mí me hizo pensar que en un monte como el Calvario una cruz no se puede sostener mucho tiempo erguida sin que la derriben los vientos- dijo el Chino.

-Puede ser -dijo Roberto- que en el Gólgota esa cruz se haya desmoronado y que el que estaba colgado ahí haya visto, por un momento, el mundo inclinado, digamos, dado vuelta como decía la caja de la pizza. Luego esa tradición de ver al mundo dado vuelta en algún momento de la vida logró sobrevivir hasta la Edad Media, donde fue codificada como un momento natural de la vida de cualquier persona… Y es un poco lo que nos está pasando a nosotros ahora con estas fotocopias, ¿no?

-Siguiendo con Jesús, está la posibilidad de que lo hayan crucificado cabeza abajo. Y desde ahí la sangre se le fue a la cabeza. Tuvo una revelación. De repente vio que los que seguían ahí vivitos y coleando escupían al piso, eran desagradables unos con otros, ni siquiera lo miraban -agregó Alberto.

-En ese momento ya era tarde para él. Y ahí pronunció sus famosas palabras.

-¿Qué? -preguntó el Chino.

-Sus famosas palabras, ésas que no recordamos- contestó Roberto sin darse cuenta que el Chino no quería que le recordaran las últimas palabras de Jesús sino que simplemente no había escuchado bien.

-Se dan cuenta que esto no tiene sentido. Son casualidades. Las casualidades existen y son eso, meras casualidades como propuse… -dijo Laura mientras, algo nerviosa, había tomado la pizza que quedaba y la tenía en la mano mientras masticaba un pedazo y mantenía la mirada clavada más allá de las ventanas de cristal.

Pensé en el brillo que generaban las lámparas amarillentas en el piso de gravilla.

-Como esta que estoy viendo ahora -continuó Laura-, un tipo con barba larga, facciones delgadas, hombros cargados que está siendo empujado hasta el baúl de un coche. Los que lo empujan son muy parecidos al profesor Rojas y a Gatti, los ayudantes de Drusila. Y el empujado es casi igual a Albatracio. Pero no puedo asegurar que lo sea. Para eso deberíamos salir. Y en cualquier caso, puede ser que Albatracio justo estuviera pasando por la calle y que lo estén secuestrando unos ladrones para pedir recompensa. Pero pensar que eso es algo más que una casualidad, no es algo sano-. Su mirada se enturbió como si de golpe ella se hubiera zambullido en una oscura verdad-. Pobre, Albatracio.

-Creemos que se sacrificó por todos nosotros- dijeron los trekkies mientras se llevaban las manos a los prendedores o al corazón, pude observar.

De repente, todos nos sentimos muy cansados y agobiados. Fue Lucas el que fue a encender la radio y luego descorchó el vino.

Sonaban Los violadores. Una canción que desconozco. Hubiera preferido algo de grunge. Lucas sonrió y hasta pareció olvidarse del asunto del premio por un momento. El vino parecía negro a través del plástico de los vasos. Por un momento, Lucas posó la mirada en Laura y la sostuvo (algo que hacía muy seguido, pero esta vez Laura no alejó la suya) y Bárbara y el Chino se miraban de reojo. A mí no me quedaba otra que mirar a los trekkies, que no sé dónde tenían la mirada clavada.

De repente, se escuchó un sonido de rasguño en la grabación de Los violadores. Unos acordes de piano inundaron la sala. Una música muy tranquila y que podíamos reconocer, más alguien como yo que cada tanto viajaba a la costa en micros.

Richard Marx. Sin duda la radio había saltado a FM Horizonte. Era esa pegajosa canción Right Here Waiting.

Lucas protestó pero escuchamos la canción como si fuera una novedad.

Oceans apart, days after day

And I slowly go insane.

Lucas y Laura parecían mirarse a través de sendos vasos de plástico que parecían no bajar de sus labios aunque ya estuvieran vacíos. 

If I see you next to never

How can we say forever?

Bárbara tenía la cabeza inclinada y aunque sus rodillas apuntaban al Chino su mirada reposaba en un vértice del techo de la sala. El Chino también estaba pensativo, con las pestañas bajas.

Oh, can´t you see it, baby?

You ´ ve got me going crazy

Wherever you go, whatever you do

I will be right here waiting for you

De repente, Lucas estrujó el vaso de plástico y lo arrojó lejos. Bueno, no muy lejos. Se levantó y con los brazos en la cintura dijo:

-Voy a encontrar ese premio porque me llamo Lucas.

Los trekkies que estaban por sentarse por primera vez desde que llegamos, se levantaron y aprobaron la decisión de Lucas.

Cuando cesó la canción, también cesó ese momento que pareció un poco mágico.

por Adrián Gastón Fares.

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